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Directivos Vulnerables…?

vulnerable.jpgAfortunadamente la imagen del jefe que “todo lo sabe y todo lo puede” empieza a cuestionarse cada vez más desde las teorías de liderazgo. Pero en la realidad de las organizaciones queda sólo en eso, …en pura teoría.

En la práctica muchos directivos avanzan en su desarrollo asumiendo una imagen de sí mismos que con el tiempo manifiesta consecuencias negativas para ellos, …y para los que les rodean.

Si miras para arriba, es muy probable que desees encontrar en la figura de tu “jefe” esa imagen idealizada que poco a poco se ha ido consolidando en el imaginario de cualquier “gran organización”

¡¡Cuidado!!… Ya que como todo ideal tú también lo aspirarás. En algún momento tú también pretenderás serlo…, hasta que en algún momento tú también lo serás.

Repetiremos y perpetuaremos dentro de cada uno de nosotros a ese “directivo omnipotente” que puede tornarse muy nocivo mientras se lidera un equipo.

Largas noches de desvelo, miedos, confusión y preocupaciones…, son sólo algunas de las circunstancias naturales por las que todo directivo atraviesa a lo largo de su carrera. Lamentablemente, y sólo por creerlas incompatibles con tu rol, te esforzarás en ocultarlas y disimularlas.

Desde cualquier lugar que ocupes en tu organización, te animo a reconciliarte con tu VULNERABILIDAD.

¿Y cómo lo hago? …te estarás preguntando

  • Primero aceptando-reconociendo para ti mismo todo aquello que te aleja de ese engañoso ideal que tanto nos pesa y condiciona.
  • Si consigues ese primer gran paso, el siguiente será aun más retador para ti. Pasará por ser capaz de compartir con tu equipo parte de tu propia vulnerabilidad. Estarás compartiendo aquello de lo que se habla poco en los equipos. Te estarás permitiendo confiar…!

Alguna vez me enseñaron que al miedo sólo se le vence desde su gran opuesto: la CONFIANZA.

Y para ti…, SER vulnerable¿fortaleza o debilidad?

Sebastián Fernández

Psicólogo-Coach:

Coaching Ejecutivo y Psicología del Deporte

 

 

 

 

 

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¡Bienvenido a tu Zona de Confort!

Businessman walking, holding folder, cup of coffee and talking on the phoneBienvenido a tu Zona de Confort

…¡Huye de la zona de confort!…

…¡Salta de tu zona de confort!…

Llevo tiempo leyendo estas frases en artículos, escuchándolas en conferencias y en muchas ocasiones, yo mismo alertando a mis clientes sobre los “beneficios” de mantenerse fuera de su zona de confort.

Sin duda el mensaje resulta inspirador, alienta al cambio permanente y a huir de la monotonía inevitable que nos invade a nuestra actividad profesional en el día a día.

Pareciera (y así nos lo creemos) que la actitud del paso firme siempre adelante y casi sin respiro nos hace más fuertes y poco vulnerables a la incertidumbre y la urgencia que hoy imperan en cualquier ámbito profesional.

Mi trabajo consiste, sobre todo, en “escuchar” a personas de alto rendimiento (ejecutivos y deportistas). Me fascina aprender de ellos: sus recursos, motivaciones y la búsqueda de excelencia en el desarrollo de competencias los hace similares, más allá de las diferencias entre sus mundos.

Constantemente forzados a salir de su zona de confort, en la intimidad de nuestras sesiones, el discurso de muchas de estas personas aparece, también, cargado de angustia y ansiedad ante tanto “no parar”.

La Real Academia Española define el confort como aquello que produce bienestar y comodidades. Y aquí, podríamos eternizar un debate en definir (o mucho mejor auto-definir) estos dos conceptos.

Pero volviendo a lo nuestro; por un lado reconocemos y aceptamos incertidumbre, inestabilidad y prisas como circunstancias que no controlamos (no dependen de nosotros). Es más, están ya institucionalizadas en cualquier organización de hoy.

Y por otro lado sin darnos cuenta, o incluso con las “mejores intenciones”, nos alentamos a nosotros mismos a distanciarnos de aquello que nos aporta bienestar y comodidad profesional.

Sigue pasando el tiempo y nos mantenemos en esta contradicción buscando algo que ni siquiera hemos parado a definir.

¡Tal vez sea hora!

Te dejo dos preguntas:

  • ¿Qué, de todo lo que hago en mi trabajo, sí me hace disfrutar?
  • ¿Qué quiero hacer en adelante, que dependa de mí, para conservarlo (o incluso ampliarlo)?

Una vez te respondas a las dos preguntas, no temas y vuelve a pensar en ese salto que quieres dar. Pero esta vez…, con algo más de confort.

                                                                                                           

                                                                                                              Sebastián Fernández

                                                                                                                     Psicólogo-Coach:

                                                                          Coaching Ejecutivo y Psicología del Deporte